[Reseña] Call of Duty: Modern Warfare 4 (Beta) – De regreso al campo de batalla (PlayStation 5)

Call of Duty: Modern Warfare 4 – Impresiones de la Beta

 


Ya casi llega uno de los lanzamientos más grandes del año y nosotros en Tu Zona Gamer nos metimos de lleno en la beta de Call of Duty: Modern Warfare 4 para contarles nuestra experiencia de primera mano. Esta es la entrada número veintitrés de la franquicia y la cuarta del reinicio de la subserie Modern Warfare, otra vez de la mano de Infinity Ward. Y déjenme decirles algo de una vez: este juego no llega en cualquier momento. Después de un Black Ops 7 que no terminó de convencer y con la sombra gigantesca de GTA 6 acercándose, Activision necesitaba algo que hiciera ruido del bueno. La beta fue precisamente eso, la primera oportunidad de sentir si la saga recuperó su rumbo o si sigue dando vueltas. Vamos a desglosarlo todo.

La premisa de esta entrega es de las más fuertes que hemos visto en un rato. Estalla la guerra en la península coreana cuando Corea del Norte lanza una invasión a gran escala que amenaza con desestabilizar al mundo entero. Por un lado tenemos a un grupo de jóvenes soldados surcoreanos peleando por su vida en un frente que se les cae encima, y por el otro, a medio planeta de distancia, un Capitán Price sediento de venganza librando su propia guerra desde las sombras mientras esquiva a quienes lo persiguen. Cuando la misión clandestina de Price se cruza con las fuerzas detrás de la invasión, la cosa se sale de control por completo. Infinity Ward promete llevar a la serie a un terreno más oscuro y crudo, donde cada decisión trae consecuencias. Suena prometedor, ¿verdad? Ahora veamos si el juego lo respalda.

No hay Modern Warfare sin Price, y aquí lo tenemos de vuelta en una versión mucho más personal y peligrosa. Esta vez no está siguiendo órdenes de nadie, está persiguiendo su propia agenda desde las sombras y con toda una operación tras sus pasos. Es el ancla emocional de la historia y, por lo que dejó ver la beta, su arco parece que va a golpear duro.

La otra mitad del corazón de la campaña son estos jóvenes reclutas surcoreanos que se ven atrapados en medio del caos de la invasión. Es una perspectiva fresca para la saga, porque no siempre ves la guerra desde los ojos de los que apenas están aprendiendo a sobrevivir en ella. Si el juego mantiene esta dualidad entre la desesperación del frente y la cacería personal de Price, tenemos material para rato.

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Y aquí viene una de las sorpresas más grandes de todas. Por primera vez en la historia de una beta de Call of Duty, nos dejaron jugar una misión de campaña completa antes del lanzamiento. La misión se llama Entrenched y nos manda a Corea del Sur a desactivar una planta nuclear que cayó en las manos equivocadas. Mi gente, la misión se siente cruda, caótica y con un ritmo acelerado que hacía tiempo no experimentaba en una campaña de esta franquicia. Me sorprendió lo aterrizada que se sentía toda la experiencia, e incluso me costó un poco en dificultad normal (aunque eso quizás sea culpa de mis reflejos que ya no son los de antes, no les voy a mentir).

Ahora, seamos justos, no todo el mundo salió igual de encantado. Hay quienes sintieron que la misión era demasiado cómoda y predecible, y que no cuadraba del todo con ese tono serio y realista que el juego tanto presume. La escena de la carga hacia las trincheras, que debía sentirse épica y cinematográfica, a algunos les dio risa porque los soldados aliados corrían sin sentido directo hacia las balas como si fueran jugadores cualquiera del multijugador. Con una sola misión disponible es imposible juzgar la campaña completa, pero lo bueno es que se nota que Infinity Ward por fin entendió que necesitaban algo más directo y cinematográfico, alejándose de esos mapas y recursos reciclados que hicieron sentir la campaña de Modern Warfare III como un relleno. Si logran mantener esta energía, aunque sea la mitad del camino, vamos a estar bien servidos.

Aquí es donde se armó el debate más grande de toda la beta. La propuesta oficial es un combate preciso y con los pies en la tierra, construido alrededor de un movimiento fluido, la libertad del jugador y mayor control en cada enfrentamiento. Todo esto lo sostiene una nueva base tecnológica llamada “Ballistic Authority”, que junta la puntería de precisión, el manejo físico del arma, el audio realista y una percepción de combate más inteligente para lograr el tiroteo más auténtico de la serie hasta la fecha.

¿Y funciona? En el apartado de las armas, sí, y de qué manera. El gunplay sigue siendo el rey. Ese peso y esa contundencia al disparar que tiene Modern Warfare es algo que ningún otro estudio ha logrado copiar bien. Como novedad me encantó el nuevo sistema de escalada, poder trepar tuberías y superficies es divertidísimo y casi ni lo promocionaron.

El problema, mi gente, está en la velocidad. Aquí las opiniones se dividieron feo. Por un lado, muchos sienten que el tiempo que tardas en morir es demasiado corto y que reapareces demasiado rápido, lo que convierte los mapas pequeños en picadoras de carne donde te matan en un parpadeo y te aparecen enemigos por la espalda. La velocidad con la que la gente se desliza, se tira al suelo y te dispara antes de que reacciones deja poquísimo margen para jugar con estrategia. Pero por el otro lado, hay veteranos que se quejan de todo lo contrario: sienten que quitar el “omnimovement” de Black Ops 7 fue un retroceso y que este juego se siente más lento y hasta tosco, con deslizamientos que a veces ni se activan. Que las críticas apunten en direcciones opuestas me dice una sola cosa: el equilibrio del movimiento va a ser el gran tema a pulir de aquí al lanzamiento.

La beta nos regaló una buena selección de escenarios. Tuvimos seis mapas Core de 6v6 (Rooftops, Silkworm, Transit 213, Cachette, Lotus y Lithium), más las modalidades de Ground War y el componente de Warzone. Cada mapa tiene su personalidad y están diseñados con ese estilo grounded y visualmente variado que promocionaron.

Pero la joya creativa de todo esto se llama Kill Block. Este escenario es una maravilla porque es modular y se reconfigura solito antes de cada partida. Se arma a partir de tres secciones distintas que producen más de quinientas combinaciones posibles, el clima cambia entre despejado, lluvia y nieve, y encima trae pedazos reconocibles de mapas clásicos como Crash, Highrise y Shoot House colocados al azar. ¿El resultado? Que ninguna partida se siente igual a la anterior. Un aplauso para esa idea.

En cuanto a modos, tuvimos los clásicos de siempre bien representados: Team Deathmatch, Domination, Hardpoint, Kill Confirmed y el infaltable Search & Destroy. Pero lo interesante estuvo en las novedades.

El primero es Inflation, que es una mezcla bien lograda entre Plunder y Kill Confirmed. La idea es que vas recogiendo dinero por todo el mapa mientras eliminas rivales y cazas objetivos con recompensa. Es de esos modos que enganchan sin darte cuenta. El segundo es Hijack, un modo 6v6 donde peleas por controlar un “Data Spike” que puedes cargar, lanzar o pasarle a tus compañeros para ir avanzando hacia la estación enemiga. Le da un toque distinto al caos habitual y se agradece la variedad.

Para los que les gusta la guerra a lo grande, Ground War evoluciona hacia un modo llamado Combat Outpost, donde capturas puestos que se convierten en puntos de reaparición extra para tu equipo y te van desbloqueando recompensas escaladas, desde cobertura de UAV hasta apoyo de vehículos blindados. Esto se jugó en los mapas Imjin Farmland y Wolves Stadium, escenarios enormes donde se combinan infantería y vehículos.

Y como si fuera poco, el segundo fin de semana trajo a Warzone a la fiesta con Resurgence en el nuevo mapa Zodiac, ambientado en unas instalaciones de ensamblaje de drones. Entre oficinas, azoteas, túneles y una costa alrededor, hay mucho terreno para pelear y sobrevivir hasta ser el último escuadrón en pie. Que metieran multijugador, campaña y Warzone todo en una misma beta es de las cosas más generosas que Call of Duty ha hecho en años.

Aquí toca ponerse el sombrero de reportero honesto, porque no todo fue color de rosa. Mientras que varios medios y jugadores quedamos con buenas impresiones, hablando incluso de un “regreso a la forma”, los números de la comunidad contaron otra historia. Según SteamDB, las reseñas de la beta cayeron a “mayormente negativas” en todos los idiomas, y el número de jugadores bajó rapidísimo a pesar de ser fin de semana: de un pico de unos 115,000 jugadores conectados a la vez, en un momento llegó a caer hasta los 16,000. Ojo, que dentro de todo ese ruido hay una señal esperanzadora, y es que buena parte de la gente elogió los gráficos y el gunplay. O sea, si los pilares del juego ya gustan, unos buenos parches de balance podrían darle la vuelta a todo antes de octubre. Ahí es donde Infinity Ward tiene que ponerse las pilas.

Como beta, Modern Warfare 4 me dejó una impresión rara pero prometedora, de esas donde ves el potencial clarito pero también las grietas. Los fundamentos que hacen grande a esta saga están más que presentes: el gunplay con peso, un apartado visual sólido, un giro cinematográfico bienvenido en la campaña y un diseño de mapas ambicioso como el de Kill Block que me tiene bien entusiasmado. Los problemas, honestamente, son más de afinación que de concepto. El tiempo para morir y la velocidad del movimiento todavía no encuentran su punto medio, hay armas que necesitan balanceo (los shotguns se sintieron flojos, para ser sincero) y hay un sentimiento en la comunidad que el estudio tiene que revertir. Con casi dos meses por delante y una beta que existe justamente para recoger este tipo de comentarios, hay tiempo real para que el juego llegue pulido. La gran pregunta es si esos ajustes van a alcanzar para contentar tanto a los nostálgicos del combate clásico como a los que ya se acostumbraron a un Call of Duty más veloz. Yo, por mi parte, me quedo con las ganas de más.

Modern Warfare 4 se perfila como una entrega que puede recuperar la corona del multijugador si Infinity Ward juega bien sus cartas de aquí al lanzamiento. La base es excelente: el disparo se siente de primera, los gráficos lucen espectaculares y la campaña por fin apunta hacia algo más cinematográfico y con corazón. Kill Block es de las ideas de diseño más frescas que he visto en la saga en años y los modos nuevos como Inflation y Hijack aportan variedad sin sentirse forzados. Sin embargo, el balance del movimiento y la velocidad de las partidas todavía necesitan mano dura, y el estudio tiene la tarea pendiente de reconquistar a una comunidad que salió dividida de la beta. Es una beta con mucho por corregir, pero también con mucho por celebrar. Si logran escuchar a los jugadores y afinar esos detalles, esto puede convertirse en el Call of Duty que muchos estábamos esperando. Habrá que esperar al 23 de octubre para dar el veredicto final, pero las señales, mi gente, son buenas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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